Así solía comenzar sus discursos y sus arengas Martin Luther King, quien tenía el sueño de ver a sus hermanos negros a la misma altura y siendo considerados de la misma manera que sus hermanos blancos.

Y por eso comienzo así esta nota, porque también tengo un sueño y quiero compartirlo con ustedes.

Si ustedes recorren un poco la historia de los medios, especialmente los audiovisuales —y no me refiero sólo a la radio y a la televisión, sino también al streaming—, los programas de tipo magazines o un programa de los actuales, tan “panelístico”, casi siempre tienen el mismo equipo. A un locutor o conductor (que también opina) se le suman un periodista general (algunos lo llamarían “todólogo”), un periodista de espectáculos y uno deportivo. Si la producción es más amplia, se pueden agregar un periodista económico y/o político. En algunos casos hasta es posible encontrar un periodista de “sociedad”, que se hace cargo de los temas que no competen ni al todólogo ni a los periodistas económico, deportivo, político o de espectáculos. La ciencia y la tecnología suele ser cubierta, entonces, por este periodista de “sociedad”.

La pregunta clave es, entonces, si hay un periodista deportivo o de espectáculos ¿porqué no un periodista de ciencia y tecnología?

La primera respuesta es que no hay periodista de CyT —convengamos desde ahora usar la sigla CyT— porque no se lo considera necesario. Se supone que el valor de un periodista, más que saber, es saber a quién preguntar. Por lo tanto, si no sabe de ciencia, le pregunta al científico y listo. Claro, si no sabe qué preguntar o no entiende cómo debe hacerse la transcripción entre un lenguaje técnico y un lenguaje lego, es secundario.

La segunda respuesta es que la ciencia y la tecnología son aburridas, no interesan, no atrapan al oyente. A lo mejor, si le preguntaran a un periodista científico, él sabría buscar el ángulo o la metáfora más divertida, o el hecho llamativo que despierta curiosidad.

La tercera respuesta es que la CyT no es negocio, no atrae anunciantes y no se financia sola. Es el huevo y la gallina o, si quieren, la Trampa 22. A lo mejor las empresas de tecnología o de biotecnología o la industria farmacéutica o aeronáutica o quien sea, no anuncian porque no tienen una plataforma, un espacio adecuado, el que puede darles un periodista científico que sabe cómo hacer una producción periodística o de divulgación de material de CyT. Pregúntense entonces cómo se financian canales tan imponentes como History o Discovery.

La cuarta respuesta es que la gente no entiende de qué se le habla y sólo aquellos temas que pueden crear reacciones emocionales son los que le llegan. Y sí, es posible que hablar de clonación humana sea más “sensible” humanamente que hablar de la última galaxia descubierta. Pero lo cierto es que si el periodista o el divulgador no logran que la gente entienda el mensaje es porque han fracasado, porque no poseen ni la técnica ni la experiencia del periodista o del divulgador científicos.

Así podríamos seguir párrafo tras párrafo… y más en este momento en el que la IA domina el panorama comunicacional de tecnología. Pero que no haya muchos más argumentos no quiere decir que estos no sean importantes. Tanto como es la CyT que nos rodea. Un eminente divulgador científico dijo alguna vez que, si el usuario de aquella radio a la que había que golpear para que funcionara, hubiera sabido porqué tenía que hacerlo, podía haber dejado de golpearla. O por lo menos hubiera sabido dónde el golpe era más efectivo.

Por eso es importante tener en cuenta que, en nuestra sociedad, en este momento, no sólo hay que convencer a las audiencias de que leer sobre CyT es interesante y divertido sino también al editor, de que es conveniente y valioso publicar CyT.

Mi sueño es, entonces, que el día que un productor de radio, de televisión o de streaming quiera armar el staff de un programa, junto al periodista deportivo, al de espectáculos y al económico, convoque al periodista científico. Al fin y al cabo no hay ninguna razón para no considerar a la CyT al mismo nivel que el cine y el teatro o el deporte.

PD 1: Fíjese que si usted cambia la palabra científico por de cultura (periodista científico por periodista de cultura), esta nota puede leerse prácticamente igual.

PD 2: Esta nota la escribí en 2003 y la adapté a la actualidad, pero el “carozo” sigue siendo el mismo.

PD 3: Esta nota fue la “precuela” de la que escribí para Página|12 en relación con la pandemia. https://www.pagina12.com.ar/269676-por-que-se-necesita-a-los-periodistas-cientificos/

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