Las últimas noticias hablan de una tendencia que parece irrefrenable: la de independizarse de las grandes. Y por ellas me refiero principalmente a Google y Microsoft. Iniciativas como Office.eu —y no hablemos de China– son muestras de la idea de “soberanía digital” que está cundiendo en otros países, como Brasil, que está endureciendo algunas de las regulaciones, o Suiza, que se está inclinando por Proton.
Otro ejemplo interesante es el de la India, que ha elegido a Zoho para reemplazar su correo y su editor de presentaciones.
Zoho no deja de ser un producto norteamericano, de la más rancia estirpe yankee, siempre se ha mostrado “rebelde” en relación a sus competidores. No sólo ha rehusado convertirse en empresa pública sino que abjura de toda asociación con Silicon Valley. “Durante más de 30 años, hemos rechazado las tendencias de Silicon Valley y, en su lugar, forjamos nuestro propio enfoque de construcción de productos” claman, orgullosos, desde su sitio web.
Palabras precisas y humanas
En una reunión con periodistas, Fernando Sotelo; Director de Éxito del Cliente y Alianzas Estratégicas para Latinoamérica, fue el encargado de decir que después de ocho años de ausencia, Zoholics volvió a la Argentina. Que el objetivo de Zoho es “automatizar todo lo que se puede automatizar y tener mejores relaciones con nuestros clientes”. José Antonio Lorenzo, por su parte —no pesqué su cargo—, contó que no establecieron antes una oficina en Argentina “por la pandemia y luego de la caída de la economía” ——como si ahora estuviéramos florecientes— y que el principal objetivo es “ayudar a digitalizar lo analógico, extender la vida útil de lo que ya se tiene, y modernizarlo”.
El invitado especial fue Raju Vegesna, Jefe Evangelista de Zoho. Entre todas las cosas que conversó con los periodistas, enfatizó que “como no somos una empresa pública, hacemos lo que queremos. Por ejemplo, hace cinco años que no aumentamos los precios”. Como son dueños de su propio stack “eso permite que nuestros clientes conserven sus propios datos seguros”. Además, la iniciativa Zia implementa la idea al generar una IA exclusivamente personalizada para la experiencia del cliente. Para promocionar su propio browser, Ulaa, Vegesna señaló que “privacidad y publicidad no son compatibles”.
Finalmente expresó que cada empresa, individuo, país tiene que tener su propia IA, porque “no se puede tercerizar el pensamiento”.
Zoho en Argentina: Inteligencia Artificial y la pelea por salir del molde
Zoholics Buenos Aires 2026 dejó algo bien claro: Zoho no vino al Sheraton de Retiro solo a mostrar las pantallas de sus productos, sino a plantarle bandera a los gigantes de siempre. La movida tuvo tres ejes clave: IA para el día a día, un modelo de negocios diferente y el armado de una red local.
Para el cierre del ejercicio 2026, la empresa proyecta crecer un 30% en su facturación en el país, apoyada en su suite de gestión y en sus socios locales. El objetivo del evento fue sacarse la etiqueta de «el CRM conocido» y mostrar que son una solución integral, ideal para que las pymes le pierdan el miedo a invertir en tecnología en medio de nuestra timba económica.
La inteligencia artificial fue la estrella del día, pero las opiniones estuvieron divididas:
- Por un lado: Se la ve como la herramienta justa para automatizar lo aburrido y darle superpoderes a las empresas medianas.
- Por el otro: Ojo con la «monocultura» de la IA. O sea, el peligro de que tres o cuatro jugadores globales manejen todo y nos vuelvan dependientes.
Ahí es donde Zoho quiere picar en punta: ofrece su propio stack tecnológico para que los datos no terminen siempre en las mismas manos.
Con más de 300 personas dando vueltas, quedó claro que la clave de Zoho en el país son sus partners (los integradores locales). Ellos son los que traducen el menú de soluciones a la realidad de cada negocio. En un mercado donde los presupuestos siempre tiran para abajo, la propuesta de valor cierra por el lado de los costos accesibles y la eficiencia real. En definitiva, una narrativa intermedia: usar la tecnología para competir mejor, pero sin casarse con los sospechosos de siempre.

