En este episodio de Tecnozona Conversa me senté a charlar con Juan Marino, responsable de canales de ciberseguridad de Cisco, sobre un tema que me tiene medio obsesionado: cómo la inteligencia artificial está cambiando las reglas del juego en seguridad informática.
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Marino arrancó por los agentes autónomos —o sea, sistemas de IA que no solo responden sino que actúan por su cuenta—. Amplían las posibilidades de defensa, sí, pero también abren nuevas puertas al ataque y a la filtración de datos, sobre todo cuando las empresas los incorporan sin ningún tipo de gobernanza. En criollo: los enchufan y después ven.
Para ilustrar ese doble filo, hablamos de Mythos, el modelo de Anthropic, y del proyecto Glasswing. La idea es sencilla de explicar y difícil de ejecutar: si una IA encuentra vulnerabilidades antes que los atacantes, uno tiene tiempo de preparar los parches y achicar esa ventana de riesgo. Si las encuentra el otro… bueno, ya se imaginan.
Marino sostuvo que gran parte del cibercrimen se mueve por algo bastante menos sofisticado que la tecnología: la plata. Y que en la región persiste una brecha entre el lenguaje técnico y las decisiones de negocio; los de sistemas hablan un idioma, los directorios otro, y la traducción suele llegar tarde.
Lo que más me quedó dando vueltas fue su advertencia final: el riesgo de una pérdida cognitiva si delegamos el pensamiento en la IA. Que no es lo mismo que delegar tareas. ¿Sabremos distinguir una cosa de la otra a tiempo?

